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Hace poco escuché decir a alguien que el asco es producto de la mente, que en sí las cosas no dan asco. Es una afirmación que creo no se corresponde con el mecanismo que los seres vivos, al menos los mamíferos, tenemos para no ingerir por ejemplo una comida en descomposición.

Ante tal situación, un alimento en mal estado, el cuerpo reacciona (si todo funciona correctamente y el mecanismo no está alterado), el estómago suele cerrarse al igual que la glotis, el cuerpo va hacia atrás, la musculatura de la cara se contrae u otras manifestaciones por el estilo que nos protegen de tomar algo que puede resultar dañino o tóxico.

Si esta reacción está alterada por ideas, pensamientos, creencias, acerca de lo que tenemos delante, diría que en este caso apenas interfieren, manda la supervivencia, la protección de nuestra vida.

Otra cosa es ver un alimento -volviendo al mismo tipo de ejemplo- en buen estado, que no nos guste, tener reacciones físicas tal vez parecidas a las de la situación anterior, pero esta vez sí condicionadas totalmente por nuestras ideas, pensamientos, creencias, sobre eso que está frente a nosotros.

La diferencia está en que en el primer caso la reacción viene directamente del cuerpo, no hay ideas pre-concebidas sobre ello; en el segundo caso la reacción está causada por nuestros gustos y preferencias y parte de lo que pensamos sobre tal tipo de alimento.

Puede ser que en el primer caso alimentemos el asco natural con asco mental, es decir que además de la reacción corporal de protección, añadamos ideas y pensamientos sobre lo asqueroso que resulta eso. ¿Se entiende? El cuerpo reacciona como mecanismo de protección -asco natural- y la mente añade su parrafada -asco mental- acrecentando la sensación de asco.

Puede ser también que ante algo que no supone un peligro para nuestra vida entrenemos a nuestro cerebro a reaccionar de tal manera como si lo fuera, como si algo que no nos gusta fuera un peligro para nuestra vida, de tal manera que a la larga el cuerpo reaccionará como si eso fuera realmente algo dañino, perjudicial o tóxico. ¿Se entiende? A base de crear rechazo (supuesto asco) hacia algo, sea comida o cualquier otra cosa, finalmente nuestro cuerpo reaccionará poniéndose en alerta cuando entre en contacto con ello.

También es cierto que a los niños pequeños les puede dar asco (o les da asco casi seguro) ciertos alimentos que están en perfecto estado y preparados en muchos casos con esmero y amor! Y no se puede decir aquí que un niño/una niña de corta edad tenga ideas preconcebidas sobre las cosas. Tal vez lo nuevo y desconocido, como la textura de un puré, puede dar asco a esas edades pero me atrevo a decir que tal respuesta de asco proviene de la ignorancia y el desconocimiento.

Así que ahora toca descubrir el asco “genuino” como mecanismo de defensa de nuestro cuerpo, el asco mental, el asco creado (entrenado) y el asco proveniente de la ignorancia.

María Rosa Parés Giralt

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