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La complejidad de las interrelaciones

En una de las formaciones que he realizado a lo largo de mi vida, el experto en Eneagrama Lluis Serra nos dijo: “Las relaciones personales si funcionan, es una maravilla… ¡¡pero es una maravilla que funcionen!!”

Esta frase refleja lo complicadas que pueden llegar a ser las relaciones personales o la simple interrelación entre dos personas.

De hecho, las relaciones personales (y familiares) pueden ser fuente de alegría, disfrute y dicha o bien de sufrimiento y desdicha dependiendo de cómo las vivamos o las gestionemos.

Parece ser que este tema nos interesa a todos y es lógico, ya que si hemos decidido vivir en sociedad estamos obligados a entendernos y a relacionarnos desde la tolerancia, el respeto y la aceptación (si es que nos interesa tener buenas relaciones y vivir en sociedad).

Me atrevo a afirmar que todos buscamos establecer buenas relaciones personales, es decir, que nos acepten, nos quieran y a la vez poder aceptar y querer al otro.

Todas las partes son igual de importantes en las relaciones

En la relación tú y yo, el mensaje que ha de quedar claro para que la relación prospere es el siguiente:
Tú eres importante (aceptación del otro, empatía, compasión)
Yo también soy importante (asertividad, autoaceptación)

O dicho de otra forma, tú mereces ser respetado y yo te pido que me respetes, y para que  me respetes, yo te muestro cómo me respeto a mí mismo.

Hay personas que no se respetan a sí mismas y están pidiendo a otros que las respeten, esto no funciona.

Por lo tanto, la asertividad bien entendida -me respeto y te respeto- es fundamental para establecer relaciones personales donde la confianza y la cooperación puedan ser las bases. Sin confianza no hay futuro, ya sea en la relación o en la construcción de un proyecto común.

Cuando hablamos de empatía (el tú), todos conocemos la respuesta correcta y casi automática: ponerse en el lugar del otro. Esto es muy fácil decirlo y difícil de hacerlo cuando el otro nos trata mal, porque esto es empatía, tratar bien al que te trata mal. Tratar bien al que te trata bien es simpatía y esto no tiene mucho mérito, el mérito está en comprender y aceptar al que te trata sin respeto, repito esto es realmente empatía, por lo tanto la empatía no es un truco mental que aprendo y luego realizo para no tener conflictos con el otro o para poder gestionarlo.

La empatía es un gesto de amor por el otro, como para los budistas es muy importante el concepto de compasión.

La cuestión es que no hay por qué elegir entro uno y otro aspecto, se puede ser empático y asertivo a la vez, es decir que ante el mal trato del otro, la respuesta más ecológica sería: “Te entiendo, te acepto y al mismo tiempo te pido que me respetes y no me maltrates.

Esto no es fácil de hacer ni de integrar, pero creo que la cosa va por ahí.

Un último apunte con respecto al tú, no puede haber empatía si hay prejuicios acerca del otro.

José Manuel Torres

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