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La asombrosa influencia de transitar lo lúdico

Desde hace años ya, más de nueve, venimos aplicando el juego y el aspecto lúdico en muchas de las propuestas que desarrollamos porque nos fascina y constatamos cómo esa vía moviliza a las personas, cambia el ambiente del grupo y de formación, genera un clima de cohesión y receptividad, despierta a los participantes, vitaliza, revela estrategias de carácter y de comportamiento así como resistencias, bloqueos, capacidades, cualidades, dones. En todo caso, no deja indiferente a nadie, ni que sea para quejarse que no le gustó la propuesta y poner al descubierto el desconcierto, la incomodidad ante la falta de control o la capacidad de reafirmación, por ejemplo.

Es por ello, que el juego, lo lúdico, la dinámica grupal, constituyen un laboratorio con el que aún, al día de hoy, nos asombramos de su influencia para provocar cambio.

¿Y por qué entonces hemos dejado de jugar?

Seguramente porque el juego es el modo principal que tenemos los primates y los mamíferos de aprender -no olvidemos que los humanos estamos vinculados al mundo animal- las crías animales y los niños humanos aprenden jugando a relacionarse con el medio en el que crecen, a integrar las normas, los límites, las costumbres, lo que “toca” hacer, lo que es correcto o no según su “manada”, etc.

Durante mucho tiempo, de hecho diría que desde los orígenes de la civilización, los humanos hemos dejado de jugar al llegar a la edad adulta no porque no hubiera más que aprender sino para atender la urgencia de la supervivencia, la seguridad, la reproducción, el bienestar, el confort, el máximo desarrollo posible. Es decir, que de niños pasábamos con inmediatez a “cosas serias” o muy serias en las que nos iba la vida (tal como ocurre actualmente en muchos lugares del planeta), de tal modo que a ver quién se ponía a jugar si la existencia corría peligro!

¿Qué tiene que ver el juego con la consciencia?

En el juego -y en la dinámica de grupo- tenemos la oportunidad de darnos cuenta qué nos pasa cuando se nos pide realizar una determinada acción, cuando interactuamos con otras personas, cuando se pone a prueba nuestra capacidad para exponernos frente a los demás, cuando entran en escena nuestros prejuicios, creencias, patrones mentales, experiencias previas, nuestra capacidad de disfrute, de entrega, flexibilidad, creatividad, confianza, compromiso. Es cuando podemos ser conscientes del punto de desarrollo personal en que estamos, del camino ya recorrido, del camino que queda por recorrer.

El juego y la dinámica grupal son una foto de cómo estamos a nivel personal y relacional. A partir de ahí,  solo hay que tener la voluntad de poner consciencia a lo que acontece para verlo y hacerse cargo de ello.

Es increíble cómo esta herramienta puede llegar a desvelar lo implícito, lo que normalmente no se nombra o no se tiene en cuenta, conductas disfrazadas de otra cosa. El juego y la dinámica grupal pueden destapar lo que no se muestra abiertamente, en el sentido que sea, bien para hacer poner en evidencia un conflicto bien para hacer explícito el cariño latente.

La poderosa fórmula juego y consciencia

Es por todo esto que apostamos por la fórmula juego + consciencia para el desarrollo de las personas, de las habilidades, de las actitudes y las aptitudes, del grupo como algo mayor a la suma de las partes.

Nos gusta jugar, nos gusta crecer, nos gusta transformar-nos!

Mª Rosa Parés Giralt
Josema Torres Sánchez

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