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Soy de las que, bastantes veces, por seguir un deseo me he complicado la existencia.

Recientemente escuché a alguien hablar sobre el deseo desde la vertiente budista. Luego, me estuve preguntando, ¿qué alimenta al deseo, qué lo genera? La respuesta que me surgió, es la mente… supongo que porque ya lo había oído, sólo que esta vez se me hizo más evidente.

Empecé a comprender que TENER GANAS de algo, de alguien, de una situación, de una cosa, de un objeto, es una respuesta que aparece de forma natural en la interacción con el mundo y con los demás. Se dan momentos, cosas, lugares, que resultan apetecibles para el cuerpo, la mente y la emoción o para alguno de los tres, como si entrara hambre de eso. Hasta aquí bien con las GANAS.

Luego, se pone en marcha el DESEO, aliado de la mente, a través de la cual empiezo a imaginar lo fantástico que va a ser eso, lo bueno que debe estar, que no me puedo aguantar de estar sin eso, que sin eso no puedo vivir, que eso me falta… y mil y un pensamientos más acerca de una respuesta corporal que surgió como GANAS, como apetito, simplemente.

Por tanto, me parece entender que las GANAS SON CORPORALES, físicas, mientras el DESEO ES MENTAL.
Puedo tener ganas de algo, por ejemplo, de comerme un pastel de chocolate. Puede dirigirme a una tienda, comprarlo, comerlo y saciar las ganas, o puedo decidir no satisfacer esas ganas, lo cual requiere de un arte especial que es no alimentar la sensación de ganas con toda una serie de imágenes, pensamientos, fantasías…

En ocasiones, según de qué se trate, puede resultar difícil esta segunda parte de las ganas, es decir, mantenerme en la posibilidad de  no satisfacerlas.

Entiendo también que para este trabajo de no ampliar las ganas hasta convertirlas en deseo imparable, necesito la actitud de meditación, de “mindfulness”, de no implicación (o la mínima posible), de respirar las ganas sin añadir nada más, lo que se suele conocer como “No poner más leña al fuego”.

Si lo logro, entonces no tengo que lidiar con el deseo, con si lo hago o no lo hago, si voy o no voy, si me lo como o no me lo como. Más bien tengo -o tendría- el espacio de elegir qué hacer con mis ganas.

Diferente es la NECESIDAD, que de no cumplirse puede peligrar la integridad de la existencia. Necesidad de comer, de beber, de tener un cierto confort para el bienestar personal general. Y claro está, la línea entre NECESIDAD, GANAS y DESEO puede ser tan fina en ciertos puntos que puede costar diferenciar si realmente se trata de una necesidad o son más bien ganas o ya se construyó el deseo.

Como sea, creo que entrenarse en estar en las ganas sin sumarles nada (o poco), lo que se conoce como sostener, otorga maestría, mayor serenidad y menos reactividad.

Mª Rosa Parés Giralt

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